Hace tres años juré ante ustedes ser
fiel a la confianza que me dieron y dedicarme, en cuerpo y alma,
al trabajo que me encomendaron. Han sido tres años inmensamente
difíciles, mucho más de lo que ninguno de nosotros
podía entonces pensar. Han surgido obstáculos impredecibles
y sucesos inimaginables. A través de esta ruta que nos ha
tocado andar, y a pesar de los caminos azarosos de nuestros procesos
políticos, nunca he abandonado, ni en mis sentimientos ni
en mi intelecto, la luz de la estrella que me trajo hasta aquí—que
es la estrella única y sola de mi bandera puertorriqueña,
a la que quiero con todas las fuerzas de que soy capaz.
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